De entre los sitios en los que he vivido destaca por el frío que pasé una casa en Valldoreix, destartalada y evidentemente sin calefacción, allí tuve a mis dos únicos compañeros de vivienda varones (como era una casa no puedo decir piso) que valieron la pena y pongo sus nombres por que no voy a decir nada malo de ellos: Carlo un chico italiano muy majo y Marc, catalán de pura cepa.

           En una de las ocasiones en que se alquiló la habitación número cuatro esta fue ocupada por "el Jardinero Misterioso"(música de "la Dimensión Desconocida", por favor) lo primero de lo que voy a hablar es de su coche, no sé nada de marcas de coches, pero imagínate el coche más viejo y destartalado que puedas, todo chocado y con cada parte de un color, parecía que un Dr. Frankestein de los coches hubiera recogido piezas de coches muertos y con la ayuda de Igor y de un par de rayos lo hubiera vuelto a la vida. Además su propietario dejaba siempre la luz del faro, digo bien, del faro encendida y nos venían a avisar los vecinos, que ya se lo tomaban a cachondeo. Durante el tiempo que vivió en casa sólo lo vi cuando: a)subía las escaleras camino de su cuarto, y b)cuando bajaba las escaleras camino de la calle, ya sea para irse o para apagar el faro del coche.

            En cuanto al aspecto físico era alto y de mirada taciturna. Tenía una novia que se llamaba Sara (me acuerdo por que mi hermana se llama igual), aunque he olvidado el nombre de él, pero la profesión que ejercía era la dicha en el título. Nunca tenían dinero para pagar el alquiler cuando tocaba y salían y llegaban a horas extrañas. Lo más asombroso era que el viernes por la tarde se metían los dos en el cuarto de él y no salían hasta el lunes en la mañana, pero ni al baño. Y no se oían ruidos de pasión sino toses, tosían los dos constantemente y de forma fuerte y continuada, sobre todo por las mañanas. Ella tosía tanto que parecía que vomitaba...nunca fui a averiguar qué le pasaba pero yo y los demás pensabamos en drogas, pero en drogas duras.

             En fin, a los dos meses recogieron sus cosas y se fueron y nunca más volvía ver ese coche ni ninguno que se le pareciera.