Cuando yo iba a la Universidad ¡Qué tiempos aquellos! (al decir esta frase me han salido tres canas...más). En mi vida existía la amistad de una forma que no existió ni antes, ni después, una amistad que lo abarcaba todo desde las fiestas de cumpleaños que empezaban bebiendo cava (entonces ese acto carecía de connotaciones políticas) a las 9 de la mañana y que hacían que todo el grupo de amigas no fuéramos a clase en toda la mañana.

            Supongo que casi todos los que hemos pasado por la Universidad conservamos una cierta nostalgia. Es una época de la vida en la que eres joven y tienes una gran actividad intelectual, te sientes capaz de muchas cosas y la vida te las brinda. Además el paso del tiempo hace que nos olvidemos de los exámenes, los trabajos, los plazos, los madrugones y las noches sin dormir estudiando.

           En esta etapa tuve la suerte de disfrutar de la amistad de un grupo de chicas con las que he perdido contacto desgraciadamente. Una de ellas merece comentario aparte, mi amiga Helena, fuimos íntimas desde el primer curso y entonces la carrera de Historia duraba cinco años. Creo que supo lo que la admiraba y la quería.

            Luego estaban Conchi, Manoli, María, María José y Begoña; cada una con sus características y sus cualidades. Quiero hablar especialmente de mi amiga Conchi, cuyo sentido del humor y capacidad para las réplicas ingeniosas nos hicieron reír tantas veces en el ferrocarril de la Generalitat cuando íbamos tan apretados que casi no podíamos respirar; en una ocasión una chica se desmayó dentro del vagón y no nos enteramos hasta llegar a Bellaterra, porque al salir la gente la muchacha cayó al suelo. Una vez tuvimos que ir al Departamento de Económicas, para preguntar algo a un profe de Historia Económica. Estábamos allí esperando en aquel vestíbulo vacío, tan diferente del conocido Departamento de Historia Moderna y Contemporánea siempre bullicioso y concurrido, cuando vemos pasar a un chico algo mayor que nosotras, un becario supongo, corriendo a un despacho a la izquierda; lo contemplamos asombradas y en silencio, pues como no había nadie no entendíamos tanta prisa, además el chico llevaba adosados a las gafas unos lentes oscuros y los llevaba levantados, lo que le daba un aspecto por demás curioso. Al cabo de unos minutos vuelve a pasar corriendo en la otra dirección, al cabo de poco otra vez. Y entonces dice Conchi:

-¡Hostia, hay que ver cómo corre Mickey Mouse!

            Provocando una gran y espontánea carcajada por parte de todo el grupo de chicas y el subsiguiente mosqueo del muchacho, porque creo que aunque no oyó la frase, sospechó que nos reíamos de él.