Hoy fui a la FNAC y al salir fui abordada por una vehemente señorita que blandió un periódico y una revista ante mis narices hasta que los agarré, mientras me decía:

-¡Contra los despidos masivos y el cierre de empresas! ¡Qué ya está bien de hablar del Estatut! ¡Qué cumplan con la gente!

            Yo tuve miedo ante tanta vehemencia y dije algo como:

-mnfsmn...gracias...

            Y me fui, pero antes volví a depositar periódico y revista en sus manitas, porque no me siento aludida. Pero estoy aún asustada:

-JURO que nunca he despedido a nadie.

-JURO que nunca he cerrado ninguna empresa.

           Respecto a lo del Estatut ¿Los dos kilos que bajé la semana pasada no son suficientes?¿Me confundió con Diana Garrigosa, la mujer del Molt Honorable president de la Generalitat, D. Pasqual Maragall?¿Parte de la izquierda se alía con la derecha contra Catalunya? Nótese que la arenga era en castellano.

          ¿POR QUÉ LA GENTE QUE CREE EN ALGO SE SIENTE CON LIBERTAD PARA ABORDAR A LOS DEMÁS EN LA CALLE SIN NINGUNA CONSIDERACIÓN?

           Desde luego el colmo de esta "superioridad" que creen tener sobre nosotros la ejercen los Testigos de Jehová, que vienen a tu casa para convencerte de su religión. La anécdota más buena sobre los TdJ que he oído nunca me la explicó un vecino, es un señor que tenía unos cuarentaytantos cuando esto pasó: estaba duchándose y solo en casa cuando llaman a la puerta, insultando a quien llamara y a toda su parentela sale de la ducha y se pone una toalla en la cintura, de esta guisa abre la puerta y enseguida se da cuenta de que la que han llamado son TdJ en su versión Señora Mayor+Chica joven (también existe la versión Señor Mayor+Chico Joven) y entonces veloz mi vecino dice:

-Pasen, pasen. La joven primero.

           Ante tal muestra de depravación ambas ¿santas?¿mártires?¡vírgenes! huyeron pies para que os quiero y mi vecino asegura que lo deben haber puesto en una lista negra pues desde entonces, hace más de veinte años ningún TdJ, ni varón, ni hembra ha vuelto a llamar a su puerta.

           Desgraciadamente no han hecho lo mismo conmigo, y periódicamente tengo que decir:

-Sí. ya conozco esa revista (Atalaya) y no me interesa.

            Y morderme los labios para no decir lo que realmente me muero por gritar: ¡Búscate una religión que no te haga andar intentando convencer a los demás!

En fin, que para los ateos como yo, la gente creyente es difícil de sobrellevar.