Ahi les va un cuento de terror que escribí hace algún tiempo, para no cansar, porque éste no es mini, lo partiremos un poquito:

EL MONASTERIO

            Descubrí las ruinas del viejo monasterio después una comida campestre, con unos amigos naturales de esta región. Paseando encontramos una construcción casi completamente derruida. Me sorprendió gratísimamente, he de confesar que el campo y sus bellezas no son mis ocupaciones favoritas. Estos amigos a quienes conocí en un viaje, me sorprendieron con unos intereses distintos a los míos. Exploramos las ruinas y llegamos a la conclusión de que se trataba de un antiguo monasterio, pues encontramos parte del claustro. Mis amigos se burlaron de mí, diciendo que incluso en el campo de una región europea relativamente próspera y avanzada yo, que he dedicado mi vida a la investigación de misterios del pasado me encontraba con uno y ¡tan lejos de una biblioteca!

            Mi estancia en la ciudad se debía a la consulta de un archivo privado, al que por fin me permitían acceder. Dicho archivo pertenecía al anciano Barón de ***, cuando tras innumerables gestiones conseguí que accediera a conocerme me desplacé desde Londres, sin pérdida de tiempo. Al parecer en su juventud había disfrutado de todas las alegrías que pueden proporcionar la escasez de años y la abundancia de dinero. Como algunas personas de vida licenciosa había cambiado completamente con la edad y vivía prácticamente recluido en un caserón mohoso, con la única compañía de un viejo criado. En ese caserón disponía de comodidades a la vieja usanza: un cognac excelente, algunas obras de arte magníficas y su archivo. Los documentos que lo conformaban habían sido adquiridos por la familia del Barón desde el siglo XVIII y todos trataban de misterios, fenómenos extraños y cosas de ese jaez.

           Durante el curso de nuestra primera charla, al comentarle el hallazgo del monasterio acaecido el día anterior, mi anfitrión me informó de que en esa zona había existido un monasterio destruido durante la Guerra, que pese a estar vacío desde hacía más de 100 años había permanecido intacto hasta ese momento. Al preguntar por qué, me contestó que era un misterio.

-¿Qué clase de misterio?- insistí.

-De primera clase-contestó, conduciéndome al archivo.-Ese monasterio fue una de las obsesiones de mi abuelo. Él reunió mucha de la documentación que voy a mostrarle.-Dijo extrayendo unos libros polvorientos, aunque bellamente encuadernados.

-Este era el diario de campo de mi abuelo, aquí verá los dibujos que hizo alrededor de 1920, cuando estaba más obsesionado con ello. También iba por los pueblos recogiendo las leyendas locales de labios de los campesinos del lugar. Y además ... bueno, le estoy entreteniendo en exceso, le dejo trabajar, si desea unirse a nosotros en la comida ésta se sirve a las 2 en punto.