Me dejó sólo. Me costó muy poco darme cuenta de que el archivo estaba espléndidamente organizado. Decidí examinar los documentos que había dejado a mi alcance. Eran recopilaciones de noticias de diarios locales, narraciones y anotaciones de fenómenos observados directamente por el abuelo del propio Barón entre 1921 y 1924. Claro que las noticias de los periódicos eran anteriores, las más antiguas databan de 1880. En general, se referían a acontecimientos acaecidos en las proximidades del monasterio: observación de luces y ruidos extraños, descubrimientos de huesos, velas y símbolos pintados en el bosque que lo rodea .

            Abandoné el examen superficial de los documentos para reunirme con mi anfitrión que me comunicó que eso era sólo la parte moderna de la documentación que tenía sobre el monasterio. Desde la época medieval había constancia de la excepcionalidad del lugar. Se hablaba de posesiones demoníacas, de hechos espantosos, de desapariciones de algunos monjes y novicios, etc. Al parecer, se había construido durante el siglo XI, por deseo de un noble que deseaba ser enterrado allí. La leyenda aseguraba que dicho noble había vendido su alma al diablo y que luego, arrepentido, había querido ser enterrado en terreno sagrado para evitar cumplir su compromiso. Pero por motivos desconocidos el lugar siempre estuvo afectado por una especie de maldición.

           En un impulso extraño me interesé por quién era el propietario de ese terreno y el Barón me informó de que aunque durante un periodo había pertenecido a su familia, tras la muerte de su abuelo la viuda lo había vendido a un rico comerciante, que pensaba derruirlo y construir allí una fábrica o un almacén de algún tipo. En esa época el monasterio, aunque abandonado, aún se mantenía en pie, también pervivían sus leyendas. Me brindó los datos de los herederos del comprador; al parecer, la fortuna de que anteriormente dispusieron se había esfumado, repentinamente decidí hacer una oferta de compra que aceptaron encantados. Afortunadamente mis propios ancestros me dejaron un capital considerable que los abogados de la familia no habían dejado de incrementar.

             El Barón intentó convencerme de anular el trato de compra, pero mi tozudez lo impidió y no quise escuchar sus razones. Argumentaba que la compra del monasterio había provocado el deceso de su propio abuelo.Todo ello me pareció fruto de la superstición y la estulticia, me sorprendió que un hombre culto como él hiciera caso de esas leyendas. Decidí visitar mi propiedad, reconstruirla, arreglarla y vivir en ella. Tantos años de investigar "misterios" me habían inmunizado contra toda clase de fe, ya no creía en nada.