-Vámonos,-dijo la mujer- este pueblo está cargado de energía negativa.

El, acostumbrado a sus expresiones, se rió.

-Pero sino hay nadie, Tú sueles hablar de la energía negativa de las personas y aquí no hay nadie.

Ella dijo:

-Da igual que sea un pueblo abandonado. Es malo, me quiero ir.

- Pues vete, yo voy a hacer las fotos.

-¿Dónde vas?

-A la iglesia, puede que esté abierta.

Cuando entraron la iglesia estaba abierta, cuando quisieron salir no lo estaba, gritaron hasta enronquecer,

lloraron, discutieron, se reconciliaron y nadie los encontró jamás.