...el baño. La verdad es que para eso es indiferente que los compañeros sean hombres o mujeres. La mayoría de las mujeres se eternizan en el baño (puedo hablar en tercera persona porque tengo otros defectos, pero ése no) y la mayoría de los hombres dejan el baño hecho un asco.

            Hablando de esas que parece que en vez de alquilar un cuarto alquilaron el baño, me acuerdo especialmente de una compañera brasileña que tuvimos. Parad vuestra imaginación, pues no era para nada lo que un hombre imagina cuando dices "una chica brasileña". Para empezar era blanca, blanquísima, bailaba fatal y no era nada risueña, simpática, ni amiga de las fiestas. En fin, los tópicos son un asco ¿no?. Era alta y delgada, pero no muy guapa de cara, principalmente por los ojos, muy pequeños, pero mucho, mucho. Creo que la habían operado en varias ocasiones. Era una de las mujeres más engreídas que he conocido, con deciros que en una ocasión, cuando vió a Carolina de Mónaco en la tele dijo: "Esta chica sí que es elegante, como yo". Además se ponía histérica y se peleaba con todo el mundo, al final se peleaba sola, pues ninguna compañera le hacía caso cuando se ponía a gritar. Lo bueno era que cuando se enojaba contigo, dejaba de hablarte durante un mes o dos y así podías estar tranquila hasta que decidía volver a hablarte. Yo nunca hice nada para molestarla y se enojó conmigo tres o cuatro veces y se desenojó así, espontáneamente. Por fin un día se fue a vivir sola, era lo que debía haber hecho desde el principio, porque para convivir era muy molesta. Se pasaba casi todo el sábado en el baño (lo llamaba el día de la belleza), y cada vez que se metía a duchar ya sabías que tenía para un par de horas "de estancia".