Hay una curiosa relación entre los varones, el teléfono y la Ley de Murphy. Por lo que se refiere a este tema la ley se aplica así: cualquier hombre que quieras que te llame no lo hará y cualquier hombre que no quieras volver a ver te asaeteará a llamadas durante unos quince días (por lo menos). Este tema da para mucho, aquí trataré de cuando son ellos los que llaman. Ya hablaré de cuando llamamos nosotras.

             Pero vamos a empezar por el principio, cuando yo empecé con estos temas vivía en México. Allí en aquel entonces, no sé si ahora la cosa siga así, las chicas acostumbraban a dar teléfonos falsos ante la insistencia con las que se requería su número de teléfono. Yo no lo hice nunca, aunque a algún pesado le dije que yo no estaba. Y la ley de Murphy funcionaba, era común dar el teléfono al conocer a un grupo de chicos (se movían por manadas, igual que nosotras), pero querer que de ellos llamara uno concretamente y siempre llamaba el que te había caído gordo. Luego al comenzar unas citas algo más serias la cosa se complicaba ya que el individuo juraba que te llamaría. Así empezaba la época de la espera junto al teléfono. Ese periodo en el que eres capaz de morder si alguien de tu familia se pone a hablar por teléfono "deja eso, estoy esperando una llamada". Y claro, el tipo no llama. Entonces empieza la paranoia, el monólogo interior cuyas variantes no son excluyentes, pueden ser sucesivas o intercalarse argumentos de una y otra

Variante 1: "no me llama porque soy fea, tonta, gorda, etc".

Variante 2: "no me llama porque soy demasiado guapa, inteligente, simpática, etc".

Variante 3: "este (grosería) no me llama porque simplemente no le intereso".

Variante 4: "puede que haya tenido un imprevisto laboral o personal  y no haya podido llamar".

            Incluso se llega a pensar que el teléfono no funciona ¿habrá línea?

             El resumen  es: no llaman o porque ya les diste "lo que querían" (como decía mi tía-abuela), porque conocieron a otra y la están llamando a ella, ya que aunque tuvieran un imprevisto o una emergencia y dado que no vives en el desierto del Gobi podrían llamar si quisieran aunque fuera para decir "no puedo quedar".  No suele tener nada que ver contigo , ni con tu apariencia. Y el teléfono funciona.

             Visto lo visto, un día me dio por pensar y decidí ponerme cual Scarlett O'Hara. En fin antes de los 20 años juré que nunca más me quedaría al lado del teléfono esperando que me llamara un hombre. Unos diez años después los móviles se pusieron al alcance de los bolsillos  "normales" y me fastidiaron porque no sé qué tiene este aparato que no puedo salir ni a la esquina sin llevarlo conmigo y claro, lo vas mirando impaciente ¿tiene cobertura?¿tiene batería?. Continuará...