De Luis García Montero, el poema del que está sacado el título del blog.

XXIII

Si alguna vez no hubieses existido,

si el calor de tus muslos no me hubiese

buscado como un látigo preciso

y mis ambigüedades electivas

-los días más oscuros de mi mismo-

no te hubiesen tenido como saldo

de afirmación o excusa,

                                                              es posible

que este volver a casa en soledad

y demasiado pronto,

me recordase ahora un poco menos

al joven que apostaba por el mundo,

con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.

Metidos en la noche, regresando

entre la potestad y la mentira,

hablamos del poder o de los sueños

al hablar del abrazo.

Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo

prisionero de un cuerpo o libre junto a él,

buscando salvación o en servidumbre,

miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,

de que perder es duro para todos

y el amor me hace falta, como sabes.

Quizás contigo estuve

tan demasiado cerca de tu reino,

que necesito ahora desmentirte,

utilizar los trucos que uno tiene

para poder seguir.

Porque somos así seguramente,

huellas equivocadas,

solitarias hogueras de un camino,

paraísos de cuatro habitaciones

que sólo se comprenden

después de haber firmado muchas veces,

precisamente ahí,

                                                          donde pone  El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,

quiero que me recuerdes derrotado,

como quien algo espera

más allá de los tiempos y los hechos.

Quizás por que haga falta haberlo presagiado

o porque, en todo caso, nadie sabe

donde acaben los sueños.

Luis García Montero  

     Diario Cómplice