El pueblo era pequeño, blanco, estaba al lado del mar. Fui a parar allí por casualidad, o más bien dicho por culpa de mi sentido de la orientación. Me confundí en varios desvíos, esos malditos caminos de tierra parecen todos iguales, y acabé por encontrar ese extraño lugar junto al mar.

Yo era una desgraciada turista, me atreví a alquilar un 4x4 y aventurarme por la costa del Pacífico de este país que creía conocer bien, creo que mi reciente divorcio hizo que me sintiera más atrevida de lo normal, además contaba con unos amigos en la zona, en cuya casa podía alojarme algunos días. Al entrar en el pueblo con la intención de cargar gasolina, me vi sorprendida por diversos detalles, no encontraba la plaza de la iglesia que hay en todos los pueblos, las calles eran tan estrechas que tuve que abandonar el vehículo, y entonces me di cuenta de que no circulaba ningún coche, ni una moto o una bicicleta. A diferencia de otros pueblos de la zona que había conocido, mayoritariamente indígenas y dedicados a la agricultura comunal, a la ganadería (si se puede llamar así a que una familia tenga unas gallinas y otra un cerdito, sólo los más pudientes llegan a poseer una vaca, a veces entre varios propietarios), a la pesca y al comercio de artesanías. En ellos se veía a la gente trajinando, vendiendo y comprando en los mercados callejeros, en cambio en esta localidad no se veía a nadie, pero no daba la impresión de estar abandonada. Las calles estaban limpias y las casas en buen estado, pero el silencio era sobrecogedor, no se oía nada, ni el piar de un pájaro, ni el ladrido de un perro, ni el llanto o la risa de un niño.

No sabía que hacer, evidentemente en ese lugar no iba a encontrar una gasolinera y temía que se me acabara el combustible. Además de no saber dónde estaba y qué debía hacer para volver a mi alojamiento. Súbitamente vi una tienda y me dirigí allí, al entrar me sorprendí por que no se veía ninguna clase de mercancía, estaba muy oscuro. Había un escritorio y una silla en la que estaba sentada una mujer joven cuyo aspecto me asombró: era albina y vestía un sencillo traje blanco, sin ningún adorno. La saludé y vi que se sobresaltaba, al girar la cara pude ver por qué no se había percatado de mi presencia: era ciega. Al preguntarle por una gasolinera, pareció que no sabía lo que era, respecto al camino me dijo que nunca había salido del pueblo, nadie podía ayudarme allí y yo debía irme por donde había venido. Sorprendida por su brusquedad me alejé y me fui del pueblo. Tuve la suerte de reencontrar el camino y pude volver a la casa de los amigos con los que me alojaba.

Martín y Elena eran profesores en una Universidad de la capital, pero cansados del estrés decidieron alejarse y vivir en un sitio pequeño y trabajar para la empresa privada, desde su casa. En la cena, les conté mi experiencia y pude ver cómo cambiaban sus expresiones. Martín me dijo que habían oído hablar de un poblado como el que yo decía a María, la chica de limpieza, pero que no le habían hecho caso atribuyéndolo, bien al deseo de burlarse de los capitalinos o a las fabulaciones propias de la cultura oral de los indígenas de la zona. No dijeron nada más, pero la cara de Elena reflejaba temor.

Incapaz de olvidar mi experiencia, al día siguiente entablé conversación con María aunque sin contarle mi experiencia, pero procuré dirigir la conversación hacia asuntos extraños y gente con físicos peculiares. Pronto ella me habló de "el pueblo", así lo llamaba. Me dijo cosas sorprendentes, entre otras que no sólo aquella chica era albina y ciega, sino que lo era toda la población. En aquel lugar no había niños ni ancianos. No se sabía a que se dedicaban, pero no era a la tierra, ni a la ganadería, tampoco tenían barcos de pesca. En realidad el pueblo había surgido hacía aproximadamente 50 años, nadie se había dado cuenta hasta que un día el abuelo de María que era pastor, lo encontró mientras vagaba con su rebaño. Aquella gente no se relacionaba con los otros pueblos. Cuantas veces se había intentado comerciar con ellos, los comerciantes habían sido expulsados del pueblo. El abuelo de María se había marchado dos años después, afirmando que el mal se había asentado en la comarca y dejando mujer y cinco hijos. Nunca volvió. Tras contar esto María se calló.

En la casa trabajaba como cocinera la tía de María, Gloria. Las escuché hablar, la tía reñía a la joven por haberme hablado, diciendo que podía producirse una tragedia, no debía hablarse de esa gente. Todo ello evidentemente despertó mi curiosidad y me hizo acercarme al día siguiente a la ciudad, en busca de la biblioteca comarcal, pues quería investigar en los periódicos locales. Encontré a un amable joven que se mostró sorprendido por que yo pudiera querer ver "papeles" de 50 años atrás. No había periódicos de la época, consulté un mapa de la zona, y compré una guía para llevar en el coche, pese a no estar indicado en el mapa me hice una idea de donde estaba localizado "el pueblo" . Decidí volver a casa y preguntar a María. Al volver sentí una fuerte necesidad de comprobar que había localizado el pueblo realmente. Pero era tarde y sentía temor de que se hiciera de noche. Pensé en acudir al día siguiente. Pero otras circunstancias me lo impidieron, Elena me pidió que la acompañara al médico, evidentemente tuvimos que ir la ciudad. en el viaje me pidió que olvidara mi aventura, que no indagara sobre esa población, me dijo que sentía temor y que no sabía por qué. La acompañé a la consulta y allí la dejé mientras me acercaba a tomar un café. La noticia de Elena es que está embarazada, ahora no puedo quedarme más en su casa, siento que perturbo su intimidad y ellos no me dejan proseguir mis investigaciones.

Al día siguiente me acerqué otra vez al pueblo. Abandoné el coche a una cierta distancia y observé la población desde lejos, rodeándola en parte, acercándome a la zona costera, para ver si podía ver a algún habitante, pero aunque tenía la sensación de ser observada no pude ver a nadie.

De repente al voltear vi un hombre joven que se acercó, yo permanecí quieta aunque estaba muy asustada, tenía la esperanza de que al no verme no supiera que yo estaba allí, esperanza vana pues me habló advirtiéndome que "ellos" sabían que yo estaba allí y debía irme y olvidar todo. Yo pregunté:

-¿Todo?

-La existencia y la localización de este lugar. ¡Corra!, tienen amigos, no todos son ciegos y los que lo son...perciben las cosas, como yo.

Corrí, hice mi equipaje y me fui de casa de Martín y Helena. Llegué a la capital tan sólo tres días después, en el periódico dice que encontraron a un joven albino y ciego enterrado hasta la cabeza en el jardín de Martín y Helena. No he podido hablar con ellos, ella está hospitalizada, él ha sido detenido.

Esta mañana casi me mato, mi coche se quedó sin frenos. Este relato y el mapa que le acompaña han sido entregados a cinco periódicos, todos se han negado a publicarlo. También se lo entregué a mi abogado,no sabe qué hacer con él. Te lo dejo a ti, Martín, con mis excusas, espero que puedas hacer algo con él. Temo que yo pronto no podré hacer nada.