En ocasiones no puedo menos que suscribir esta frase tan socorrida, tan utilizada por los hombres. Ya sé que son casos puntuales y que no se debe generalizar de esa manera, pero no son conductas limitadas a una sola persona. Tras tantos años de compartir piso las he visto varias veces: 

-No entiendo a esas mujeres incapaces de cambiar una bombilla fundida. Necesitan pedirle a un tipo (compañero de trabajo, primo suyo, al portero, al que sea) que venga a su casa para ocuparse de esa operación tan delicada.  

-No entiendo a esas mujeres obsesionadas con la composición de los alimentos, esas que se leen las etiquetas hasta la última coma ¿alguien sabe lo que es  e- 551?

En realidad este escrito nació porque me acordé de una compañera de piso que lloraba en el salón, delante de todas, cada noche. Tú imagínate que llegas a casa y la chica nueva se pone a llorar, le preguntábamos que le pasaba y decía que nada, le preguntábamos si tenia problemas de familia y decía que no, si alguien le molestaba en el trabajo y decía que no, si tenía problemas con algún amor y decía que no. Al final, hartas de no comprender, le dijimos que se desahogara, que llorara lo que le hiciera falta y dejamos de hacerle caso. Su llanto era ya algo cotidiano, normal. Tampoco es que se pusiera a sollozar, simplemente se sentaba en el salón y le iban escurriendo las lágrimas. Un día en el que estábamos solas me explica el "gran problema":

-Pensarás que estoy loca.

-No, que va -pero muy normal no eres chiquita.

-Es que yo vivía con un chico

-¿Te dejó?

-No, lo dejé yo a él

-¿Pero lo querías?

-No, no lo quería. En realidad no lo quise nunca, no sé porque me fui a vivir con él.

Entonces porqué lloras. No entiendo a esas mujeres.