De entre las personas más extrañas que he conocido en esta circunstancia de compartir piso destaca  C. una mujer de 57 años, española (de un pueblo de León), pero que había vivido en Canarias y en Cataluña muchos años. Su físico era extraño (yo le decía "la novia de Frankenstein") una mujer alta (1'80), desgarbada, anchota, con la espalda cargada(por no decir algo jorobada), el culo para adentro y la barriga para afuera. Tenía el pelo teñido de negro y permanentado y la costumbre de recogérselo con una gran cantidad de pincitas pequeñas alrededor de la cara. Era incapaz de ir a ninguna parte si alguien no la acompañaba primero y le enseñaba el camino y una vez que aprendía a ir a un sitio siempre iba a allí con el mismo itinerario, aunque fuera más fácil ir de otra manera ("yo sé ir así y así me va bien"). Hasta para ir al súper que está en la calle de detrás de casa tuvo que acompañarla su prima.

             Trabajaba y dormía, no hacía ningún ruido. No era mala compañera, aunque sí un poco deprimente, nada le parecía bien y en el verano me tenía harta pues sólo hablaba del sudor, o sea de lo que sudaba ella. Al parecer sin darse cuenta de que no es un tema de conversación muy agradable. Otra cosa muy chocante es que no hacía nada de vida en común, decía "es que a mí no me gusta ver la tele y esas cosas", y afirmaba: "me gusta ver películas, pero españoladas no", esta frase que repitió varias veces le valió su segundo apodo. Le puse "la sueca" porque a no ser que yo estuviera equivocada ella también era una españolada, a no ser que fuera sueca...De todas formas sólo la vi ver telefilmes de después de comer.